Un documental que habla sobre un tipo tan talentoso como valiente. Su sentido de la música y sus momentos. La gente deja de bailar el tango y Piazzolla deja de hacer tango de salón con orquestas. Los jóvenes quieren ser rockeros y Astor debe seducir a un grupo más selecto que quiera escuchar música y como dice él mismo: no bailar ni divertirse para hacer la digestión después de comer. Los estudios lo convierten en un virtuoso, y su chispa de genialidad, en un creador. Astor mezcla, va y viene del tango y finalmente, como le pide una profesora en los EE.UU, nace el sonido Piazzolla y nada vuelve a ser lo mismo.
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Mientras veía Piazzolla, los años del tiburón, no podía dejar de pensar en las decisiones que debió tomar el director Daniel Rosenfeld. En lo que tuvo que seleccionar para el corte final de 90 minutos y en lo que dolorosamente debió descartar. Desafiante por donde se lo mire, el objetivo de contar la vida del gran bandoneonista y director de orquesta argentino, sin embargo, se cumplió con creces: Por primera vez, los archivos del legendario bandoneonista Astor Piazzolla son abiertos por su hijo. El resultado es un hipnótico retrato del compositor que revolucionó la música argentina.
Una película sobre las pasiones, el arte, la familia y los misterios de la creación. “Hace más de 10 años, cuando presentaba una película sobre Dino Saluzzi en el Festival de Berlín, me encontré con Daniel Piazzolla y me preguntó como nadie había hecho una documental cuando Astor estaba vivo: ‘La vida de mi papá tenía la estructura perfecta para una película, pescaba tiburones, componía y salía a tocar’, me dijo”, recuerda el director Daniel Rosenfeld.
Cruzado por la música, que funciona como otro potente elemento narrativo, Piazzolla, los años del tiburón es un retrato diferente que se aproxima a los procesos creativos y a la intimidad familiar sin omitir las contradicciones y polémicas que rodearon al músico. «Todo lo que hiciste ayer es una mierda, hay que mirar para adelante», dijo Piazzolla después de quemar todas sus partituras, recuerda su hijo Daniel, único entrevistado para la película
Piazzolla reinventó el tango argentino en la segunda mitad del siglo XX, pero como se aprecia en el largometraje, pasó de manera intermitente de la incomprensión a la idolatría, especialmente en nuestro país. En mi cuenta de X subí una pelea con un conductor de Radio Mitre y el fragmento de una entrevista con el periodista José de Zer.Estrenado originalmente en 2018, en coproducción con Francia, Japón y Holanda, el documental giró por festivales de cine internacionales y por algunas salas argentinas, pero ahora finalmente se puede ver gratis y online en la plataforma CineAR.
El origen: «Cuando produje La calle de los pianistas (2015) que es una película vinculada con la vocación en la música, quedé en contacto con Daniel Piazzolla. En paralelo, estando en Francia, la gente del canal Arte me había preguntado si me gustaría hacer una película sobre Piazzolla ante la proximidad de un nuevo aniversario de nacimiento. Cuando apareció la posibilidad concreta de hacer una película sobre su vida, me hice la pregunta íntima sobre si realmente quería hacerla porque si te gusta su música, escuchala. Si querés saber sobre él, podés leer un libro o escuchar algunas entrevistas. Una película, en este caso, tenía que tener algo singular para que valiera la pena la pena hacerla».
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Astor por Astor: «No había muchos archivos disponibles sobre Piazzolla. En la casa de Daniel sí encontramos las grabaciones de audio entre Diana (Piazzolla) y Astor, una serie de charlas que no tenían destino de ser públicas, sino que eran para la producción de un libro. Ahí me encontré con una intimidad muy valiosa y me di cuenta de que la película tenía que ir por ese lado, que ese tenía que ser el foco: entre la familia y la creación. Daniel, de hecho, no habla en una entrevista formal para en la película, su voz aparece como único sobreviviente de ese núcleo familiar. El objetivo era hacer una especie de de Astor por Astor, de Piazzolla por Piazzolla donde fuera su voz la que condujera la película».
El proceso: «Cuando hacés una película vas avanzando por capas y esas capas van decantando en el proceso de desarrollo. En un momento te das cuenta de cuáles son las cosas valiosas y cuáles no para un enfoque del personaje. La película tiene que tenerlo porque, en el caso de Piazzolla, su biografía es muy vasta. Cuando encontré los rollos 8 mm, que son unos fílmicos grabados por Astor en Nueva York en los años ‘50, no solamente está él en una época crítica de su vida, sino que aparece su mirada a través de una cámara. Cuando encontré esos materiales, me pregunté si la película no tenía que ser menos abierta al público y usar solo esos súper 8 con música y algunas voces de una forma mucho más poética y menos narrativa, mucho más sensorial. Finalmente me decidí por este camino que representaba una oportunidad para contar un arco entero de Piazzolla».
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El material inédito incluye valioso registro fotográfico y filmaciones caseras, como la grabación del músico tocando el bandoneón a los 10 años y material de películas Super 8 filmado por el propio Astor en Nueva York, cuando compuso «Adiós Nonino». El film comienza con un plano del océano y la voz de Astor:
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Para tocar el bandoneón, se debe tener la fuerza como para sacar un tiburón del agua.
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Será que por eso todas sus composiciones tenían una fuerza que solo élpodía interpretar de la mejor manera. Pero… ¿quién fue Piazzolla? Fue el espíritu del bandoneón (¿o el bandoneón fue su espíritu?). Un genio incomprendido, un progresista, un loco apasionado, iracundo, romántico, que vivió a través de su música aún cuando se enamoró tarde de ella.
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El Gozo se encuentra en escribir música y tocarla
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Por eso nunca le gustó cuando Maestre Troilo le eliminaba notas en sus arreglos. Terco él, amaba su obra y su estilo; era algo nunca antes visto y por tanto cuestionado por sus pares (que hablaban mierdas de él), siendo rechazado durante años por el público local mientras era ovacionado en el exterior. Sin embargo, este ícono argentino con corazón de New Yorker (lo que lo llevó a mezclar el tango con música clásica y jazz) obtuvo su «venganza» tocando en el escenario más importante, el majestuoso Teatro Colón, con lágrimas en los ojos… porque al fin y al cabo, él tocaba en su país. Y bien sabemos que el que ríe último.
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Uno de los mayores méritos del filmes que nos permite apreciar en primera persona la vida de un genio, su forma de pensar y de ver la realidad, y, por qué no, quedarnos con algo de ello como consejo (aquellos que permanecemos en este mundo sin su presencia deberíamos seguir sus consejos). Rosenfeld nos brinda el retrato íntimo y familiar de un hombre lleno de vitalidad y humor, que se divertía cuando los medios lo tildaban de «criminal» y «asesino» (dicen que no existe la mala publicidad, y Astor lo sabía al declarar «Me hicieron popular»), y que hasta llegó a quemar todas sus partituras en un asado.
A través de los diversos testimonios, su hijo Daniel recuerda ese vínculo con profunda nostalgia; él perdió a un padre y nosotros perdimos a un genio, solo para rememorar esa maldita costumbre que tenemos de darnos cuenta lo valioso que es alguien cuando lo perdemos.
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Piazzolla, Los Años del Tiburón es un film absolutamente hipnótico, acompañado de sus melodías de manera increíble, creando así una experiencia única e inolvidable. Me resulta inevitable pensar que «Los genios nunca mueren, trascienden en su arte», y él sí que supo trascender: nada se compara con el estilo que creó, un nuevo tango, algo que muchos ningunearon pero que llevó ese estilo al Siglo XX y XXI.
Soy periodista mayormente de radio. Pienso a la profesión como una manera de estimular el pensamiento crítico del que escucha, lee o mira. Trabajé en radios comerciales, cooperativas y universitarias. Poder describir con palabras lo que una película me hace pensar y sentir, es mi intención y mayor meta para con el lector.
Soy periodista mayormente de radio. Pienso a la profesión como una manera de estimular el pensamiento crítico del que escucha, lee o mira. Trabajé en radios comerciales, cooperativas y universitarias. Poder describir con palabras lo que una película me hace pensar y sentir, es mi intención y mayor meta para con el lector.