La Mujer sin cabeza (la rubia)
La Mujer sin cabeza (la rubia)

La Mujer sin cabeza (la rubia)

 

La mujer sin cabeza (también conocida como La mujer rubia).

 

Año: 2008.

Duración: 87 minutos.

Países: Argentina, España, Francia e Italia.

Dirección y Guión:Lucrecia Martel.

Producción: Aquafilms, El Deseo (de los hermanos Almodóvar), Slot Machine, R & C Produzioni y Teodora Film.

Fotografía: Bárbara Álvarez.

Montaje: Miguel Schverdfinger.

Sonido: Guido Berenblum.

Reparto principal: María Onetto (Verónica), Claudia Cantero, Inés Efron, César Bordón, Daniel Genoud, Guillermo Arengo y María Vaner.

 

Una mujer maneja por la ruta. En una distracción atropella algo. Los días siguientes ella cambia sustancialmente sus sentimientos que la unen a las cosas y a las personas. Una noche le dice a su marido que ha matado a alguien en la ruta. Recorren la zona pero sólo hay un perro muerto. Todo vuelve a la calma y el mal momento parece superado, hasta que la noticia de un hallazgo preocupa nuevamente a todos.

 

María Onetto

 

Maria Onetto es Verónica y es una mujer tan ambivalente como la trama misma.Hay en ella una sola certeza y algunas dudas. Atropelló algo el día de la tormenta y estuvo con su amante en un hotel.Todo esto es lineal desde lo vivencial, pero se diluye en las manos de todo un mundo que la rodea. El golpe fue a un perro y alguien borró su estadía en el hotel. Nada es arbitrario, Vero maneja y sufre un accidente contra algo que no ve, no está dispuesta a corroborar que es y continúa su viaje. Se golpeó en la cabeza fuertemente en el impacto, pero acomodó sus lentes y sólo se detuvo unos kilómetros después. Caminar con cierto nerviosismo mientras intenta controlar su situación emocional, no la libera, ni la consuela.

 

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Martel filma como si fuera un ojo omnipresente entre miles de hechos cotidianos. Allí se registran pocos cambios de voz, son como un ruido constante alrededor del protagonista que siempre está en otra frecuencia.Verónica soporta su vida y la ve pasar delante de su tristeza sin armas para detenerla. Lo cotidiano, por momentos, descubre que en Vero pasa algo, pero en el cine de Martel, nadie parece querer involucrarse demasiado o si lo hace, es por otro lado y no por el estrictamente emocional.Su marido es frío y sus amistades, salvo Lala que la intenta aconsejar, están metidas en trivialidades que las hacen sentir vivas y no están dispuestas a detenerse por ella. Su grupo de pertenencia es una clase media alta, rodeada de servidumbre y en una sociedad estratificada como los es Salta. Allí todos vienen y van en rutinas aterradoras y con un entusiasmo agazapado solo para los pequeños grandes acontecimientos de pueblo.

Vero está fuera de este juego y no lo disimula. Confiesa su dolor a su esposo y este solo le ofrece un café y que se acueste a descansar. Finalmente la lleva al lugar y allí solo hay un perro muerto, pero esa vida cotidiana, que baila su hechizo seductor, saca a la luz a un jovencito desaparecido en circunstancias poco claras. A esta altura “Fuenteovejuna” ya ha decidido que no hay conflicto, ni culpables y las reuniones continúan socialmente activas y profundamente vacías.

 

 

Martel y su enorme protagonista, vuelven a recordar que sin ambigüedad no hay arte: que sin esa falta de ‘propósito’ (que tiende a ligar causas y efectos tan correctamente que aburre) no aparecerá ningún sentido que exceda la razón. Martel lo hace, sin incurrir en abstracciones y como cruces múltiples de géneros / Rafael Spregelburd – Perfil

 

Pablo Kulcar
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