Soy Huao
Dirección: Juan Baldana

Los Huaorani son un pueblo legendario.Hasta hace 50 años la tribu se conservó libre de toda invasión a fuerza de una temeridad que mantuvo en jaque a pueblos mucho más numerosos, hacendados, militares, misioneros, al mismo gobierno nacional y las todopoderosas empresas petroleras. Ellos se presentan a sí mismos con el nombre Huao que significa persona.

“Soy Huao” es una película que se instala en el interior de la familia Toca para mirar desde ellos y a través de la contemplación de una cámara (que logra volverse invisible) un mundo organizado por sus propios valores y reglas, lejos de toda idea de consumo y bienestar urbano. Se mueven con costumbres bien distintas en medio de un naturaleza exuberante, una vegetación cargada en un denso bosque tropical y la consabida variedad de especies.
Una familia que es parte de una comunidad con una historia aguerrida importante y un lugar en el estudio antropológico del Amazonas. Son el centro de un ojo omnipresente que bajo la forma de una cámara los retrata durante horas. Allí hombres y mujeres realizan tareas de forma diaria que tienen que ver con su alimentación, con su seguridad y su limpieza.Vivir en una selva, con los recursos que esta te propone, implica una cantidad de saberes: el de la caza, el reconocimiento de la características del terreno, la vegetación y los animales que lo habitan. La pesca es artesanal y requiere no solo puntería, sino una gran concentración.Los animales que se atrapan exigen y un despliegue físico constante y sobre todo una condición aprendida para lograrlo.
Desde un mundo lleno de bienes de consumo, el despojo de pertenencias de la familia es abrumador. Viven para cumplir con el lugar al que pertenecen y eso les exige que den todo, pero sin una demanda de superación forzada. Viven el día a día con solo un poco más de lo que consumen. Su condición de nativos los rodea de misterio y curiosidad, cómo pasan su tiempos, cómo se relacionan entre sí? Lo que la cámara expone es la naturalidad del encuentro con el otro. La necesidad del trabajo colectivo, los instruye en cómo se deben construir los lazos y conseguir las cosas que básicamente son alimentos y organizar sus condiciones estructurales de vida.
Su hábitat son construcciones de madera donde no hay separaciones, pero sí una cocina y en algunos casos hasta un televisor. Esto relaja un poco la idea de una vida llena de rituales y trabajos descontaminados. Los indígenas visten ropas, tienen utensilios y armas que provienen de ese mundo que intenta cooptarlos. Esta intención está en la presencia de la religión que solo está para imponer un poder mayor al que sujetarlos. La película no está doblada y eso nos deja afuera de todas sus conversaciones, no podemos más que intuir cuando se hacen bromas y cuando se dan indicaciones. Su mundo indígena no habilita una mirada exótica, sino solo cierto misterio que podemos penetrar efímeramente a través de situaciones y primeros planos que parecen exponer un poco de aquello que constituye su vida.

De todas maneras la situación es sumamente exigua en posesiones, tienen sus armas, sus hamacas, sus lonas para hacer campamentos y sobre todo sus cuchillas para el desmonte y casi todas las tareas que realizan. Tienen acceso a una educación en una especie de pueblo que es relativamente útil a su entorno, el dominio de la matemática parece ser lo más importante. Por lo demás están fuera de un ritmo de vida productivo, se mueven para subsistir y eso para ellos es más que suficiente.
El documental intenta representar esa pureza descontaminada en la que los Huaorani viven y solo registra sin intervenir y sin traducir. Es un registro virgen a la transculturalización y nos muestra algo de lo mucho que es la vida de una etnia sumergida en la selva amazónica.
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