Dos funciones: Jueves 2 y Sábado 4 de julio a las 20 en el cine Gaumont

Una película es una experiencia que puede pasar por varios lugares. En algunos casos el amor, el ritmo, el color, las actuaciones etc etc. “Cuarto Oscuro” se corre y está a un costado de todas y desde ese lugar pesca algo de cada estilo y lo deforma a gusto. Se trata de mezclar como en batidora: actuación, música, color y una idea central que las ordena dentro de ese aparente desorden estilístico y conceptual. Es esencialmente un videoclip psicodélico con un argumento que dispara situaciones sin que necesariamente tengan un correlato fiel que lo precede. Ese el camino absurdo y alocado de un guión disruptivo y caótico. La historia de un grupo musical: “Humano Querido” de la localidad de Lanús, que quieren juntarse a tocar y por arte y gloria del mundo conspiranoico, sus integrantes deambulan por diferentes espacios del film, cada uno con su mensaje y con un protagonismo que no tiene un contexto del que sentirse parte.
Creatividad es talento y aquí el riesgo es el grotesco, pero todos lo saltan de un tranco. Los músicos entran en contacto con tipos que conspiran porque sí, sobre no sabemos que, una mujer es la esposa del manager, pero resulta que es el mismo manager trásvestido del que se enamora el bajista, que de hecho se fue y nadie extraña.
El líder tiene una muy cómica sesión de terapia con el ex CQC, Eduardo de la Puente, en la que este lo medica con lo que tiene a mano y le sugiere las tome cuando le pinte, eso sí, con cerveza.
Hay un encuentro en un bar en el que el mozo es Gabriel Mariotto, un viejo militante del peronismo de la provincia, que les ofrece como menú un listado de propuestas que son consignas políticas. Todas nos hablan de la ideología del director, quien solapadamente nos regala algo de su sutil peronismo. De allí a la música, donde la mezcla continua, sonidos parecidos al Sumo de los 80 y una rítmica más cercana a Bowie, hacen de la misma un valor. Las letras y los ritmos continúan en sintonía con el reclamo, con una queja porque sí, pero en una continuidad de fraseos de guitarra o bases electrónicas que se ponen en serio a hacer lo que saben.

“Cuarto oscuro” no viene a construir, juega y divierte como si fuera una secuencia de sketches de un programa cómico. Las actuaciones no tienen importancia, pero están a tono con el desopilante delirio argumental. Vienen a desparramar psicodelia por el cine.
Como si alguien hubiese agarrado el espíritu under de los ‘80, lo hubiera mezclado con revistas como El Expreso Imaginario, afiches de Rocambole y recortes informativos anacrónicos de tv. Una presentadora tendrá uno pequeño ataque de epilepsia al aire y dará noticias incomprobables defenestrado a este grupo musical, que aparentemente se han descontrolado en un bar. Un hombre, mitad muñeco, ataca a uno de los músicos, no sabemos bien porqué y poco nos importa, solo sabemos que el vocalista le teme a pesar que es la representación de un peluche inofensivo.

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La artística es fundamental, los jueguitos de los primeros tiempos y sus letras con diseños al estilo de Family Game, aparecen como mensajes de texto actuales y nos llevan por el lado más infantil y lúdico.
La película es un péndulo que oscila entre la música que suena muy bien y es un valor a resaltar y un disparate de guión que nos acorrala contra la lógica y nos divierte por su extrema poca verosimilitud.
Nadie pretende que nada sea cierto, sin embargo el final nos regala un clima de jazz y un tema que recorre varios etapas del rock nacional. Hay una poesía que se eleva por sobre toda la parodia para decir que siempre fue una elección y que hay otra cosa y otro pensamiento escondido tras los colores y los personajes.
Los icónicos Tino Y Gargamuza aportan su ironía y su humor sin más pretensión que exponer el ridículo y potenciarlo.Todo fluye con facilidad y talento y no hay otra respuesta, solo la risa que consolida esta película como una futura muestra del arte disruptivo de culto, para escuchar y ver en una repetición que hará que por un momento actuemos con la indisciplina social de sus personajes.

Protagonizan Sergio Scarone y Tomás Giordano, líderes de la mítica banda Humano Querido. Y encima aparecen nombres que son parte del inconsciente colectivo argento: Eduardo de la Puente, Pipo Cipolatti, Guadalupe Cuevas, Gabriel Mariotto y hasta Tino y Gargamuza, esos personajes delirantes creados por Gabriel Marchesini.
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