Un rey para la Patagonia
Un rey para la Patagonia

Un rey para la Patagonia

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Orélie Antoine de Tounens, nacido en Francia,​ fue un abogado que después de haberse interesado por la región patagónica llegó a Chile en 1858. Se estableció en Valparaiso y aprendió el idioma español primero y el mapudungun después. En 1860 convenció a los dirigentes mapuches para fundar un estado como forma de resistencia al ejército chileno, lo que se concretó el 17 de noviembre de 1860, en una asamblea nacional mapuche que lo proclamó rey del Reino de la Araucaria y la Patagonia. Tounens dispuso que fuera una monarquía constitucional y hereditaria y estableció sus fronteras en los ríos BIobío (en Chile) y Negro (en Argentina) hasta el estrecho de Magallanes​. En Chile Tounens dio a conocer su reino como «Nouvelle France» (‘Nueva Francia’), pero fracasó en su intento de obtener apoyo del gobierno francés, que lo calificó de demente.y obviamente sufrió la persecución de los gobierno Argentino y Chileno.

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En 1972 Juan Fresán, diseñador gráfico y creativo de publicidad partió hacia Viedma con el objetivo de filmar «La nueva Francia» una “superproducción subdesarrollada” sobre el francés loco que quiso autoproclamarse se rey de la araucaria, con mucha fe y pocos fondos.​ La empresa de Fresán fracasó, primero por problemas económicos y luego porque en 1974 tuvo que exiliarse. Unos años más tarde, Carlos Sorín, participante como director de fotografía de aquel intento, se inspiró en él mismo, para debutar como realizador con «La película del Rey», que narra las desventuras del rodaje de esa vieja película sobre Tounens y al mismo tiempo que cuenta la de este personaje poco rescatado por la historia.

En 2004 Lucas Turturro recibe de Juan Fresán un pedido de ayuda en la limpieza del material de una película inconclusa que había intentado terminar hace 30 años. Turturro y un compañero limpiaron ese material e hicieron una especie de transfer casero, tras lo cual Fresán les propuso trabajar en la reconstrucción de la película, pero al fallecer éste en julio de ese año, la tarea quedó interrumpida nuevamente.

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Turturro pensó terminar el filme tal como Fresán lo hubiera concebido, pero al advertir que solo había un borrador de guión con tachaduras, optó por convertirlo en un documental sobre la vida y obra del desaparecido artista viedmense, referente del movimiento cultural de los 60.

Para esto utilizó grabados y fotos de época, una entrevista a un sucesor de Tounens, que usa su título de nobleza para mantener aspiraciones de reinar en la Araucanía, videos de Fresán en los últimos años, testimonios de quienes viajaron con él a Viedma, más la personificación que algunos actores hacen de Tounens y sus lugartenientes y la presencia de quienes los encarnan en la película de Fresán.

Todo da por resultado un apasionante documental sobre lo inconcluso. El reinado de Tounes es solo una entelequia producto de su oportunismo obsesivo por algo irrealisable. Los gobiernos de Argentina y Chile no estaban dispuestos a dejar un territorio que apetecian en manos de un supuesto noble, convertido en Rey luego de supuestas asambleas de las tribus involucradas. Por lo que la historia original es un intento tras otro de este francés de asumir quién sabe dónde, un poder que nadie le reconoció.

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La otra historia es la de la película “La nueva Francia” en la que se intenta contar esta aventura con una mirada y estética surrealista, ante la falta de presupuesto para una producción acertada. La mirada de Fresán es disruptiva, pretende incomodar e impactar por eso la historia del supuesto Rey. Hay algo que convoca, al pensar en un francés reinado nuestra tierra. La película intenta más de lo que logra y finalmente se trunca nuevamente. 

Esta mamushka de películas tiene su clímax en este documental que las integra y expone.Turturro hace lo que tiene que hacer, explica y crea una estética que acompaña lo que hubiera querido su mentor originario, pero lo cuenta todo a la vez y marcando algunos puntos estéticos como referencia. La música es sumamente importante para darle intensidad a escenas que por si no lo lograrían. Un sonido de rock se impone como un viento de rebeldía que intenta provocar a quien mira.

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Un documental que más que riguroso en la histriónico, es un experiencia visualmente rica y movilizante. Nadie puede ser ajeno a ella. Cuenta muy bien dos historias que se tocan y las construye con una idea artística muy cerca de la ambientación psicodélica que actúa como valor agregado y marca personal de su director.

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Trabajar dos historia paralelas puede ser confuso si ellas no se diferencian por color o tiempo histórico. El director las separa con una voz en off que las relata y nos permite asistir, como espectadores distendidos y relajados, a el ida y vuelta de una sobre otra.

Pablo Kulcar
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