Para mediados de los años 70 Charle Bukowski comenzaba a ser una celebridad en los EE.UU aunque algo menos en Europa. Su estilo de vida y su obra habían adquirido juntas, cierta fama en los círculos literarios que descubrieron en él una nueva manera expresión poética, realista y espontánea,vulgar y feroz. La crítica le dio la estatura de vanguardia. No estaba mal para un hombre que había hecho todo lo posible para rociarse con alcohol y prenderse fuego.

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Bukowski nació en 1920 en Andernach, una pequeña localidad alemana, punto de destino al que había llegado su padre, un soldado americano. Desde pequeño recibió de este, Charles senior, una educación prusiana demanda de su pensamiento y prosapia militar. Mudados a Los Ángeles, la severidad del padre, un acné despiadado que dejó secuelas irreversibles en su piel, en especial en su cara y espalda, y cierta inclinación al aislamiento,hicieron del joven Charles un adolescente retraído, oscuro y en especial,marginal
A Los 16 ya rumiaba en él un espíritu indómito, tan salvaje como autodestructivo. En esa época, después de una borrachera, tuvo una gran pelea con su padre. Charles había vomitado en la alfombra del hogar y su padre, como si fuese un perro, intentó refregar su boca sobre la bilis derramada. El escritor lo tomó del cuello y le partió un labio.
Desde entonces Bukowski dedicó todos sus esfuerzos a dos cosas: beber y escribir. Recorría la bibliotecas públicas y se inyectaba una dosis alta de escritores oscuros Fanté,Celine.. y de clásicos europeos del siglo anterior. Cuando salía, intoxicaba su cuerpo con todo tipo de alcohol. A los 22 años escribió decenas de poemas cortos,vagabundeaba por Los Ángeles y buscaba pleitos.
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Hasta los 25 buscó con desesperación convertirse en escritor profesional. Aspiraba a poder vivir de lo que su mente atormentada volcaba sobre el papel. Para entonces había conocido a quién sería el gran amor de su juventud: Jane. Diez años mayor que él, Jane compartía con el gusto por, los bordes, el placer por los excesos en al bebidad y la inevitable inclinación por serpentear por los escombros del sueño americano. Vivieron (sobrevivieron) hasta la muerte de ella, cuando Bukowski tenía 35 años y los pantalones agujereados. Esa muerte lo hundió más en la bebida.
Dos años más tarde ingresó a County hospital de Los Ángeles con una úlcera sangrante.Una transfusión de sangre le salvó la vida de milagro, ya,no podía, ni debía coquetear más con la muerte. Había estado tan cerca que hubiera podido besarla.
Pero no hizo ni una cosa ni la otra. Bukowski Se puso tan nervioso ante el ultimátum de los médicos: “Si toca el alcohol es hombre muerto”, apenas dejó el sanatorio para mitigar su angustia fue a un bar a tomar un par de cervezas .
Debía reflexionar sobre su futuro.Tras un periodo de recuperación, abrazó nuevamente la bebida y se buscó un trabajo. Consigo empleo nocturno como administrativo en el correo cosa que le permitió establecer una rutina: tras dejar cada mañana la oficina postal, llegaba a su casa, colocaba música clásica, descorchar un JB y se largaba a paliar su dolor y desesperación en su máquina de escribir, comenzaba a destilar, los crudos versos que lo harían famoso.

Esa hipérbole de lo sórdido de la condición humana, la desolación de los bares, la locura, los perdedores, los marginados, los caballos, las putas, el sistema, las vaginas, la vejez, las apuestas, el cinismo, el semen, las cervezas, la fábulas: el universo Bukowski comenzaba a completar sus planetas.Y a trascender.
Envió unos poemas a la revista underground de Los Ángeles y para su sorpresa, fueron publicados. Hacia 1963, el crítico John William Corrington hizo una reseña sobre su trabajo, advirtiendo que la poesía norteamericana podría estar ingresando, colgada de su pluma, en una nueva era comparándolo con lo que el poeta Rimbaud había significado para la lengua francesa en el siglo anterior.
Pero no fue hasta 1970, que se atrevió a abandonar su trabajo postal.Tenía 48 años cuando la editorial (Prensa gorrión negro) Black sparrow Press decidió publicar su primer trabajo “Cartero” un relato urgente sobre el tedio y la banalidad a la que se somete las vidas de los oficinistas.
Escondido detrás de Henry Chinaski, su inefabilidad alter ego, Bukowski comenzó a ser considerado como el máximo cultor de un estilo de poesía deudor de los beatniks, en la autorreferencia y en la espontaneidad y contemporaneidad, aunque más procaz y sanguíneo. El mientras tanto, sólo aceptaba una influencia: John Fante, el novelista norteamericano autor de Pregúntale al polvo que debió o prefirió abandonar su obra para sobrevivir en Hollywood escribiendo guiones menores.

Hacia 1970 sus libros ya habían sido traducidos a varios idiomas (español entre ellos) y recepción muy buena en los mercados Alemán y Francés. Para entonces su estilo y su desprecio a los clásicos de la literatura inglesa, denostaba públicamente a Shakespeare, paraliza los pelos de gran parte del establishment literario, que lo consideraba un alcohólico desmesurado y prosaico y no un erudito del dolor que pudiera rozar la genialidad con su desgarro, como el nuevo periodismo se ocupaba en llamarlo.
En un largo artículo publicado en la revista Rolling Stone de mediados de los 70, Bukowski como era de esperar, no hizo ningún caso a sus detractores de la crítica culta y si enarboló un apasionado alegato sobre lo que lo movía a escribir: “Como dice Norman Mailer, la mayoría de los americanos consiguen su inspiración espiritual cuando están intoxicados y yo soy uno de esos americanos. He hecho toda mi obra intoxicado”.
La academia y la prensa culta temblaban. En aquel artículo, Bukowski aparecía como un escritor hosco y solitario, cuya aura de sobreviviente del infierno facilitaba la creación del mito alrededor suyo. Su temática y modo, su eterna insatisfacción existencial, eran una píldora demasiado tentadora para no ser devorada por toda una generación de jóvenes que veían en él al apóstol de la contracultura y del descontento Comenzaban a revolotear alrededor suyo una patrulla de chicas a la manera de groupies» de rock stars, aspirantes a artistas y dispuestos a dejarse cautivar por ese viejo indecente.
La obra de bukowski ya era atravesada con igual intensidad por los placeres máximos, al igual que el sexo, la comida y la bebida aparecen constantemente en su prosa. “Un buen poema es como un sanguche de pavo caliente o una cerveza fría”
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Hacia comienzos de los 80 en una larga entrevista que le realizó el actor Sean Penn a un bukowski ya convertido en Bestseller, solo en Alemania llevaba vendidos más dos millones de ejemplares, disparó contra los que lo acusan de obseso sexual. “Cuando escribo un cuento sobre un violador que viola a una chica, la gente me acusa, suelen decir que me gusta violar y yo lo único que hago es sacarle una foto a la vida”.
Para entonces ya había publicado títulos famosos como: “La máquina de follar,” Factotum, La senda del perdedor, Mujeres y Hollywood. Su obra había atravesado el universo y pese a que seguía viviendo en el mismo lugar de San Diego, se había convertido en una estrella de las letras. El cine se fijó en él. La primera parte de su vida, su atormentado y vagabundo romance con Jane, fue llevada a la pantalla en 1987 por el director Barbert Schroeder con guión del propio Bukowski.
El film estrenado en argentina como «Mariposas en la noche» interpretado por Mickey Rourke. Años más tarde, la belga Dominique Deruddere filmó tres relatos suyos bajo el nombre de «Amor Loco». En el 2003 en su primer corto como director, el ex futbolista Eric Cantona adaptó su cuento «Hijo de Satanás».

Durante los últimos años de su vida, pese a su salud deshilachada, siguió metiendo alcohol en el cuerpo, mientras su estatus recorría el mundo. Ya era una leyenda viviente que parece haber pactado con el diablo: nadie, ni él mismo, podía creer que estaba en pie.
El escritor de los abandonados, los suicidas,los roqueros, los jóvenes atribulados, los haraganes, los navegantes, lo iconoclastas,los escépticos, los desencantados de la clase media y los borrachos, el poeta en llaga que se bebió la vida, dio su último sorbo el 9 de marzo de 1994. La vida desde entonces se parece mucho más a una oficina.
Pablo Perantuono

Nació en Buenos Aires en 1971. Es periodista y escritor, autor de Teoría del derrape (novela, Emecé) y co autor de Fuimos Reyes, una biografía de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota (Planeta). Escribió en numerosos medios nacionales como Orsai, Rolling Stone o Radar.

Solo con todo el mundo
la carne cubre el hueso
y ponen una mente ahí
y a veces un alma
y las mujeres rompen
floreros contra las paredes
y los hombres toman demasiado
nadie encuentra a quien buscan
pero siguen
trepando y bajando
de las camas
la carne cubre el hueso y la
carne busca
mas que carne
no hay elección
estamos atrapados
en un destino singular
nadie encuentra
lo que busca
los basureros de la ciudad se llenan
las plazas de los dragones se llenan
los manicomios se llenan
los cementerios se llenan
ninguna otra cosa
se llena
cuando pienso en mí
mismo muerto
pienso en automóviles en una
playa de estacionamiento
cundo pienso en mí mismo muerto
pienso en sartenes
cuando pienso en mí mismo muerto
pienso en alguin haciéndote el amor
cuando no estoy ahí
cuando pienso en mí mismo muerto
me cuesta respirar
cuando pienso en mí mismo muerto
pienso que no seré capaz de tomar
agua nunca más
cuando pienso en mí mismo muerto
el aire se vuelve blanco
las cucarachas en mi cocina
tiemblan
y alguien tendrá que tirar
mis calzoncillos sucios
y los limpios
Charles Bukowski
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