La frontera olvidada
La frontera olvidada

La frontera olvidada

La frontera olvidada es una película argentina producida en 1969 y estrenada en Bahia Blanca en 1970
Director y guionista: Juan Carlos Neyra

Duración: 72 minutos.

Reparto principal: Lautaro Murúa, Ricardo Passano, Ubaldo Martínez, Lito Cruz y Arturo Puig

Ambientación: El año 1875 en un puesto de avanzada (fortín) en la pampa argentina durante la época de las luchas de frontera

 

 

La película desde mi butaca

La clase adinerada, que se adueñó de la tierra, exige que se los resguarde de los malones de aquellos que antiguamente las habitaban. Era imperioso que el estado como tal, legitimase esta apropiación y a su vez, controle la irreverencia de aquellos que acorralados mataban y atacaban con rabia y rencor a los nuevos propietarios, robandoles caballos, mujeres y expresando su negativa a aceptar la legalidad del gobierno. Para ello era imperioso dejar fortines en medio de inmensas extensiones de campo donde los aborígenes instalan sus tolderías según las circunstancias.

Uno de estos fortines es el que describe la película.Un conglomerado de ranchos rodeado de un tipo de zanja que lo resguarda y una decena de hombres, en su mayoría, obligados por sus antecedentes a servir en la milicia. En este fortín específico llega un nuevo teniente para asumir el mando. El anterior lo intenta aleccionar de lo precario que es todo allí y de la relación que debe establecer con estos soldados que parecen gauchos empobrecidos a la espera de una final cantado. 

 

 

El teniente se acomoda de a poco, las instalaciones son una ruina y las armas casi no funcionan. Debe escuchar al sargento, que en su experiencia lo guiará para entender esa realidad solitaria y siempre amenazadora. Gente de la ciudad se acerca para intentar engañarlo y luego darles información a los aborígenes que por allí rondan. La lucha traerá consecuencias, pero también dejará en claro que el teniente reconoce el valor de su gente y logra adaptarse a la lucha.

La historia es pequeña y expone las carencias de un estado que intenta imponerse frente a aborigenes que se resisten.La precariedad es en todos los sentidos. La moral de la tropa y sus días son una lenta agonía en silencio. La gente deambula por el fortín sin tareas específicas. Este sentimiento de precariedad absoluta está bien plasmado en los silencios y vacíos que la película  impone. Hay una atmósfera que incomoda y preludia, en una inmensa vulnerabilidad pampeana, una tragedia tras otra.La fotografia construye climas y armoniza los colores para darle ese tono desertico y casi fantasmal.

 

 

Las actuaciones están en línea con el tono dramático que la película exige. El teniente protagonizado por Lito Cruz, construye un personaje digno y valiente, con principios. En esta pobreza pasa lo único que puede suceder: la lucha y el dolor. La historia hasta es secundaria, el foco está puesto en el entorno y en esos hombres, que casi como presos, toleran un ambiente muy bien recreado que logra retratar la dureza de aquellos salvajes mojones de nuestra historia.

Pablo Kulcar
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