
“Mi abuela siempre cuenta que, como hay almas acá en la tierra, los grillos van cantando para que no se escuchen sus lamentos”, cuenta Isa, amiga de la hija de un ingeniero agrónomo que se muda a la zona de mayor producción agropecuaria del país y realiza manejos productivos basados en transgénicos y agrotóxicos.
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La película expone una realidad presente en el país y que es cuestionada por una parte de la población que la sufre desde su contacto directo a través de la tierra, el agua y el aire. Estos son los agroquímicos biocidas que bajo el pretexto de la productividad, son expandidos sin tener en cuenta a las poblaciones que rodean esos campos que deben producir siempre más. Lo que marca a fuego la película es la mirada de este ingeniero agrónomo (Gastón) que avala y conduce las fumigaciones del campo para quién trabaja. Este punto no es menor porque es desde allí que la historia cobra vida e interés. Gastón parece estar muy seguro de su trabajo, pero sus conductas son algo defensivas. Está atento a un entorno que en algún momento sabe lo va a cuestionar. Su actitud es profesional y no hay nada que indique que siente algo que se parezca a un prejuicio moral. Se ha mudado con su famila desde la ciudad para estar cerca de su trabajo. Su hija se adapta a nuevos amigos y en ellos encuentra un sentimiento silencioso de rechazo a las mortales fumigaciones. Hay enfermos y silencios que los ocultan. El dueño los ve como jóvenes revoltosos que atentan contra los aquello que les da de comer y no tine lugar para el reconocimiento de daños colaterales. Gastón (Diego Velázquez) sin cuestionar receta y hace aplicar los venenos en los campos del patrón.

La situación se mantiene, pero como era de esperar hay víctimas que exponen esta realidad latente. La hija del agrónomo está en un centro cultural que intenta desde el arte un cierta conducta contestataria, sobre todo a partir de jóvenes hijos de trabajadores en los campos fumigados. Las situaciones se tensan solo levemente, pero lo suficiente para marcar los roles de cada uno. El ingeniero sospecha y desconfía de estos nuevos amigos de su hija. Nadie cambia nada y todo sigue su curso a pesar que las cosas se complican con una violencia latente que se esparce tan sigilosamente con el veneno por los campos.

La película construye una tension sutil y casi enigmática desde la gran actuación de Diego Velázquez, es él quien lleva el ritmo del film. Compone con su rostro y su cuerpo ese misterio que nos atrapa a seguir la historia.Esconde y es oscuro, intenta una relación con sus patrones que tampoco fluye y logra con su actitud netamente profesional mostrar su lado mas cinico y complice. La familia del agrónomo intenta adaptarse ,sus patrones hacen de sus costumbre campestres una religión a la que espera este comunlgue.Gastón solo parece mirar con desconfianza y esconderse en su trabajo, su reacción es a la distancia que le pone su hija y a la necesidad de tener todo bajo control, pero no hay una mirada moral o ética que lo conmueva. Su trabajo es símbolo de todo un empresariado que está muy lejos de preocuparse por la salud.Los negocios del campo atentan contra poblaciones y ecosistemas, mientras sus intereses son resguardados por el dinero y agrónomos que miran y no llegan a ver.
Una película que no defrauda, con buenas actuaciones y una dirección que acierta, construye una sugestiva tensión que se esparce de a poco por toda la trama.
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