The New Yorker cumple 100 años 
The New Yorker cumple 100 años 

The New Yorker cumple 100 años 

 The New Yorker cumple 100 años, documental sobre el viejo periodismo gráfico 

En un momento crítico para el periodismo, la existencia de una revista como The New Yorker se parece bastante a un milagro. El semanario estadounidense, reconocido en el mundo por sus estándares de calidad, festejó a comienzos de 2025 cien años de historia, y hace pocos días Netflix estrenó The New Yorker cumple 100 años.Fue fundada el 21 de febrero de 1925 por Jane Grant, reportera de The New York Times y esposo Harold Ross, quien quería crear un humor sofisticado para la revista, lo que contrastaba con el humor de otras publicaciones como Judge, para la cual Ross había trabajado; para ello reclutó a la ácida plana mayor de la Mesa redonda del Algonquín. Junto a Raoul Fleishmann fundó la primera oficina en la 25 West 45th Street de Manhattan. Ross continuaría editando la publicación hasta su muerte en 1951. La primera portada de la revista fue ilustrada por Rea Irvin. El personaje llegó a convertirse en el símbolo de esta publicación y fue llamado «Eustace Tilley» por Corey Ford.

The New Yorker es una revista estadounidense semanal que publica críticas, ensayos, reportajes de investigación y ficción. Aunque se concentra preferentemente en la vida social de Nueva YorkThe New Yorker tiene una amplia audiencia fuera de esta ciudad debido a la calidad de sus periodistas. Es cosmopolita, con un carácter urbano acentuado por su sección Talk of the Town, con sus comentarios refrescantes sobre la vida en Nueva York, la cultura popular y las excentricidades estadounidenses, y el seco ingenio de sus sketches y famosas viñetas.

Se trata de un documental contado en dos líneas narrativas que cruzan el pasado y el presente de la prestigiosa publicación. Por un lado, la actriz estadounidense Juliane Moore es la voz en off que relata distintos hitos de The New Yorker a partir de su fundación, en la década del ‘20. Un recurso que permite dar un contexto de la Nueva York de la época, de los cambios en el mundo y, sobre todo, de los abordajes que la revista hizo de los temas de actualidad.

Por otro lado, el presente se refleja en el periodista David Remnick, editor jefe de The New Yorker desde 1998, en la cuenta regresiva para el cierre del número especial por el centenario.

. ¿Cuál debería ser la ilustración de tapa? ¿Qué notas debería incluir? ¿Cómo sintetizar un siglo de historia? El documental se mete en las reuniones de sumario para dar a conocer todos los detalles.

Tom Wolfe escribió sobre la revista: «El estilo del New Yorker era el de la subestimación pausada y serpenteante, divertida cuando era humorística, tautológica cuando era seria, constantemente amplificada, matizada, adumbrada, matizada y matizada, hasta que las páginas gris pálido de la revista se convirtieron en triunfos del alto barroco de la cláusula relativa y el modificador apositorio».Joseph Rosenblum, al reseñar About Town, de Ben Yagoda, una historia de la revista desde 1925 hasta 1985, escribió: «The New Yorker creó su propio universo. Como escribió un viejo lector a Yagoda, era un lugar donde Peter DeVries … levantaba eternamente una copa de Piesporter, donde Niccolò Tucci (con un smoking de terciopelo ciruela) flirteaba en italiano con Muriel Spark, donde Nabokov sorbía oporto de una copa prismática (mientras una Roja Admirable se posaba en su meñique), y donde John Updike tropezó con los zapatos suizos del maestro, excusándose encantadoramente

«La portada tiene que hablar del presente y, al mismo tiempo, ser una obra de arte atemporal que podríamos enmarcar y colgar en la pared. Tener esa meta semanal me llena de ansiedad incluso después de 30 años», dice Françoise Moulydirectora de Arte de la revista, en una de las entrevistas.

En simultáneo, la película sigue a otros integrantes de la redacción. Acompaña al cine al crítico Richard Brody, visita a la caricaturista Roz Chat y muestra el proceso semanal de selección de textos de ficción a cargo de la editora Deborah Treisman. La actualidad estadounidense se filtra con una cobertura de la campaña del entonces candidato republicano Donald Trump. La noche de su triunfo, en noviembre de 2024, Remnick tenía preparadas dos tapas para la revista: una para la candidata demócrata Kamala Harris y otra para Trump.Al menos dos investigaciones iniciadas por The New Yorker tuvieron su adaptación audiovisual. Se trata de los documentales Catch and Kill: The Podcast Tapes y Surveilled, conducidos por el periodista Ronan Farrow, que comento al final de este correo. La revista estadounidense, una de las más antiguas e influyentes del mundo, es una verdadera rareza por varios motivos. En cada cierre de edición un grupo de 29 verificadores chequea minuciosamente cada afirmación de los artículos publicados.

El documental habla sobre el tiempo en sus diversas formas. El que pasó desde que se publicó el primer numero, el tiempo social e histórico que intenta retratar, el cronológico de aquellos que impusieron un estilo o código de calidad y estilo, y el tiempo que es imprescindible para leerla. En tiempos de la inmediatez un articulo que tiene un desarrollo es un desafío. El mismo implica que su contenido precisa de determinadas palabras para expresar o contar lo que esta intentando hacer. SI ES LARGO NO IMPLICA QUE SEA BUENO, SI ES SOFISTICADO EN SU LENGUAJE NO SIGNIFICA QUE DIGA O CUENTE ALGO RELEVANTE. Más aun la idea de bueno y relevante esta atada a ese código de estilo editorial de la revista Lo sexi debe ser serio y lo serio de sonar sexi. Por lo que no hay otra alternativa que trabajar, revisar, investigar, corregir y escribir. Un pensamiento critico se funda en preguntas que muchas veces sugiere el periodismo, para ello se debe tener la convicción de buscar historia que permitan esta actividad. Cuando en un tiempo un redactor quiso renunciar, el editor fundante le dijo que eso no era ni un trabajo ni una revista, era un movimiento cultural o sea una identidad ideológica desde la concepción de la construcción de pensamiento, fuera este cual fuera y de algo así no se renuncia.

Pablo Kulcar

Quizás por el carácter auto celebratorio del documental las tensiones típicas de cualquier redacción, que el largometraje omite, casi no están expuestas más allá de algún desacuerdo menor comentado al pasar. Hay referencias más bien institucionales a sus dueños, el grupo estadounidense Advance Publications, propietario de otras publicaciones de renombre como Vogue GQ. En cualquier caso, The New Yorker tiene un prestigio bien ganado en un mercado cada vez más golpeado por los bajos presupuestos y la precarización.
Pablo Kulcar
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