El largometraje es una obra basada en las memorias reales de Luigi Celeste, las que se transforman en un documento sobre el abuso físico y mental, sobre la explotación psicológica de los lazos familiares, sobre una resiliencia trunca que solo podrá ser tragedia. El director nos sumerge en ella, construyendo escenas de una atmósfera asfixiante, que aunque se vistan de una supuesta armonía familiar, siempre decaen hasta morir.
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Una madre (Licia) tolera los abusos de su marido e intenta mantener a sus hijos alejados de estas situaciones. Este cae preso por hurto, pero una vez que la condena se cumple, intenta recuperar un lugar en lo que considera su casa. La posibilidad de denunciarlo seduce a la madre con dos hijos chicos. Este hecho tendrá consecuencias que no esperaba y separa a la familia por 4 años. Los menores son llevados a un internado y el padre abusador vuelve a delinquir. La situación en estos comienzos es ambivalente, el padre se muestra abusivo con su mujer e intentando crear un vínculo con sus hijos, a los que lleva a un parque de diversiones. Allí se sucede una escena simbólica como un presagio de destino trágico, los tres juegan a dispararle con un arma de juguete a unas latas. Franco jamás deja de menospreciar y cosificar a su esposa, quien lo tolera por miedo a represalias y una inercia que la paraliza.
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En una segunda etapa, la película nos traslada a tiempos en que la familia se ha recompuesto con los chicos ya muchachos y sus heridas escondidas. Uno de los chicos, Luigi, busca un sentido de pertenencia e identidad y decide unirse a un grupo de extrema derecha, haciendo un culto a la dureza. Aquí el director elige exponer a grupos e ideas que actúan como catalizadores de una personalidad lastimada y a la deriva. Las confrontaciones violentas contra esos otros, en las calles, llevan a Luigi a la cárcel. Hay una constante tensión en las miradas de todos los protagonistas en un juego de desafíos permanentes.
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Cambian algunas circunstancias, pero los tres conviven con conflictos que los tienen de rehenes. Franco, el padre, regresa una vez más, en un interminable retorno nocivo, reclamando cobijo, pero esta vez sus simulacros de personalidad chocan con dos hijos ya adultos que le ponen límites. Luigi, cumple su condena de 9 meses y parece el más proclive a tolerar su regreso.Todo parece querer repetirse y la madre volverá a ser cooptada por su victimario. Nada será una copia fiel de lo anterior.
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Luigi presenta a su novia y en la misma cena, Franco y Licia discuten, se retiran a su cuarto por un momento y desde allí se escuchan las amenazas. Las distancias se agigantan y cada uno mostrará su verdadera cara en este juego. El padre visita a Luigi a su trabajo para exponer su verdadera oscuridad, pero este muchacho, que se le aparece e intenta despegarse, se cosnstituye en un obstáculo insuperable para sus abusos.
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La película expone una situación de dependencia emocional que es comprensible y genera que estemos esperando ver como se desata la tormenta final. Por momentos los hijos intentan tener contacto con su padre, pero la relación es una venenosa dualidad entre el bien y el mal que los desafía.
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Los actores están constantemente concentrados y dan en la tecla en este baile macabro de miradas que luchan por el poder. Franco tensa su rostro y su cuerpo y construye una abusador cínico que incomoda constantemente.Las situaciones son tan reales como los hechos lo fueron La película se presenta desde lo artístico como un alegato sobre vínculos, que lejos de ser idílicos son tan contaminantes como un virus.
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