Nocturna, último film de Pepe Soriano
Nocturna, último film de Pepe Soriano

Nocturna, último film de Pepe Soriano

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El actor Pepe Soriano vuelve al cine a sus 91 años como protagonista de Nocturna, thriller psicológico con toques fantásticos escrito y dirigido por Gonzalo Calzada. La película cuenta además en el elenco con Marilú Marini, Lautaro Delgado Tymruk, Desirée Salgueiro y Nicolás Scarpino, y gira en torno a Ulises, un hombre casi centenario al que a lo largo de una noche le toca vivir un extraño hecho que pondrá a prueba su lucidez y su cordura, mientras conversa con los fantasmas de su pasado y repasa las cuentas pendientes con la vida.

Nocturna cuenta con el protagónico absoluto de Pepe Soriano, que encaró un osado trabajo de interpretación en un film inquietante, que reflexiona sobre la soledad y las relaciones humanas más íntimas en el último tramo de la vida, con un tono fantástico. Las últimas actuaciones en cine realizadas por el actor fueron en Mi primera boda de Ariel Winograd, estrenada en 2011 y en Pecados, film dirigido por Diego Yaker estrenado en 2013.

 
Escrita y dirigida por Gonzalo Calzada,
 
 
Reconocido director de films de género como La plegaria del vidente (2012) Resurrección (2016) y Luciferina (2018), la película que pasó por el Marché du Film de Cannes, por el Festival de Sitges y por la 38° B3 Biennial of the Moving Image de Frankfurt, planea su estreno para este año. Nocturna es parte de un proyecto conceptual que incluye además otro largometraje, y una novela.
 
 

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La película desde mi butaca

Ulises tiene 91 años y está casado con Dalia, los dos viven solos en su departamento. Dalia está obsesionada con la actitud de sus vecinos. Piensa que el consorcio los quiere echar porque los consideran peligrosos.Ulises tiene problemas de memoria y varias veces ha dejado alguna hornalla prendida, no más que eso, pero suficiente. La relación entre ellos estar atravesada por reclamos mutuos y por el abandono de su hijos a los que no ven. Carlos es el hijo varón del que temen los interne en un geriátrico. La hija ha sido alejada de la familia por quedar embarazada de alguien inadecuado al que aparentemente ni conoce. Esto para Dalia fue inaceptable y Ulises apoyó la medida extrema de su mujer. El tiempo los va derrumbando, la salud ayuda con su deterioro. Se mezclan miedos y temores con un importante sentimiento de soledad y abandono que hace que Ulises desee un reencuentro con su hija. Esa misma necesidad genera un arrepentimiento por la conducta tomada, por el inquebrantable enojo de su esposa, a la que le reclama su nula necesidad de volver a verla. La relación entre ellos está deteriorada, pero no rota. Es una pareja que se quiso desde chicos y han sorteado toda la vida.

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El director usa el recurso de mostrar a Ulises y Dalia como los jóvenes que eran cuando se conocieron, como un recurso para exponer la indefensión de su vejez. Como el vacío y las dolencias los fueron llevando a un retroceso y a la vulnerabilidad de niños que supieron ser. Dalia esta obsesiva con su miedo y por ello no sale del departamento. Ulises hace las compras, pero en este caso, en el pasillo del edificio, no recuerda donde tiene que ir y regresa sin comprar nada. Las obsesiones y culpas son ingredientes que se cocinan en el interior de esta pareja dia a dia. Surgen más dificultades que preanuncian algún tipo de evento, detonante de estas pasiones, y que hacen que el pecho y el corazón de Ulises comience a dar síntomas de haber llegado al final de su tolerancia. Un evento cambia la realidad. Una vecina fotógrafa, que ha retratado artisticamente a Ulises, se aparece una noche golpeando la puerta y gritando le permitan entrar. La pareja de ancianos entra en pánico y solo atina, torpemente y como pueden, a llamar al encargado. Este llega con unos bomberos y los obliga a abrir una puerta que desde la cocina da a un pequeño pulmón del edificio, donde aparece la vecina tirada luego de arrojarse de su ventana.

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Estos son los hechos que Gonzalo decide exponer como una realidad o una historia, pero en nuevas secuencias, y con efectos artísticos y visuales, todo pierde el rango de verdadero. Las cosas entran en una especie de bucle atemporal donde nadie está vivo o muerto, solo están allí simbolizando algo. Presente y pasado dan vueltas y ocupan con alternancias la centralidad de la escena, agregando con sus conductas misterio y enigma. En ellas un sentido se nos empieza a presentar como la opción más acertada.

Una película para el disfrute de la tremenda actuación de Pepe Soriano, a quién le creemos todo, quién actúa con todo el cuerpo y sobre todo con una vulnerabilidad que incomoda y produce ternura. Marini es la anciana prototípica envuelta en sus rencores y obsesiones y acompaña con calidad a su compañero. Soriano construye una escena, que es difícil de ver en otros actores, cuando habla con su madre ya fallecida. El hecho que la vejez se retraiga sobre sí misma para aniñarse hasta llorar pidiendo a su madre, es un símbolo de esta película. Un clima perfectamente dosificado que con todos las armas que otorga la profesión, construye con la luz y la sombra, con los encuadres y primeros planos, una temperatura emocional que agobia. Un pelicua a la altura de sus actores y de sus propias pretensiones. Un hecho artístico que conmueve y moviliza.

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Pablo Kulcar
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