Ciencia ficción argentina
Olivia no quería salir esa noche. Tenía la cabeza en otra parte, entre ecuaciones sin resolver y un duelo que no terminaba de cerrar. Pero sus amigos, Gigi y Enzo, insistieron. No sabían que esa sería la última noche en la que todo sería como siempre. Un fenómeno astronómico los arrastraría a un viaje por universos paralelos, donde cada decisión tomada —o evitada— los enfrentaría a versiones alternativas de sí mismos.
la calidad made in argentina

Magnaghi Rudy, nacido en Lanús en 1987, viene de un camino de cortometrajes y guiones. Su ópera prima no es un ejercicio de efectos especiales, sino una historia que usa el multiverso como excusa para hablar de amistad, pérdidas y esos silencios que pesan más que las palabras. «Olivia es una estudiante de Astrofísica que está atrapada entre su tesis y un pasado que no la deja avanzar», explica la sinopsis. Sus amigos, Gigi y Enzo, son el contrapunto: la chispa y el desparpajo que la sacan de su ensimismamiento, hasta que la física cuántica interviene
La película
¿Qué tienen en común la película Moebius, 555, el Eternauta y el cinturón de Olivia? todas exploran, la que considero, la temática de ciencia ficción por excelencia del cine argentino, los viajes en el tiempo y los universos paralelos. Este género lo hemos visto replicado en múltiples versiones fílmicas con abultados presupuestos y sobrecargadas de argumentos científicos, para aparentar un sentido sobre la ausencia de un contenido que interpele al público. A veces, esto se intenta apostando a subtramas como el amor, la amistad y la venganza, con estériles resultados culturales, ya que realzar una subtrama sobre el concepto protagónico de la película, los universos paralelos, desencadena una superposición de “tramas paralelas”, generando confusión.
En “el cinturón de Olivia” esto se resuelve con una elegancia doméstica en su sencillez, que realza el desarrollo de los protagonistas junto al concepto de ficción aplicado. Sin mas introducción, voy a analizar el hallazgo de este mineral fílmico nacional, la “Gaumontica”, tallando cada una de sus apreciables aristas.
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El jueves 7 de agosto, tuve el honor de presenciar el preestreno de la ópera prima del director Jeremías Magnaghi Rudy, “El cinturón de Olivia”, en la sede de la Asociación General de Directores Autores Cinematográficos y Audiovisuales. La sinopsis de la historia es la siguiente, de forma resumida para evitar spoilers. Olivia (Agustina Cabo), una joven estudiante de Astrofísica, se ve obligada a salir con sus mejores amigos, Gigi (Carolina Kopelioff) y Enzo (Manuel Ramos), en la noche en que un fenómeno astronómico les permite visitar universos paralelos, obligándolos a confrontar sus decisiones, la raíz de su amistad, y duelos sin resolver.
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La primera impresión.
Las primeras impresiones en una película son fundamentales, siendo, en mi entendimiento audiovisual, tres posibilidades en su presentación. Una estilizada y estándar en su contenido, con todos los elementos normativos en la introducción y presentación de personajes. Otra vaga y secuencial, en donde la historia empieza a cobrar su sentido en la mitad de la película, aparentando un naturalismo artístico, a veces pretencioso. Y por último, una presentación conceptual en la intención de los elementos expuestos, corriendo el riesgo de teatralizar la trama. Al comienzo del cinturón de Olivia, nos encontramos con este último estilo de presentación, que al comienzo nos da una impresión de elementos cuidadosamente colocados para el desarrollo de la historia, sin embargo, se evita su dominación narrativa con la calidad espontánea de las actuaciones.
En lo que respecta a las actuaciones de Agustina Cabo, Carolina Kopelioff y Manuel Ramos, resultaron en el fresco y espontáneo retrato de una amistosa relación de años. Equilibrando cada uno sus momentos de drama, humor y seriedad, rompen con los moldes de los estereotipos rígidos, por un desarrollo compartido en sus personajes, generando una amistosa empatía por ellos. Enzo, en un primer momento, me resultó un personaje bruto e ignorante, y Olivia alguien indiferente y egoísta con sus amigos, sin embargo, a lo largo de la historia nos encontraremos con lo mejor de ellos, la amistad que comparten y resuelven valorar como eje central de la historia y puente cultural con el público espectador.
Luego tenemos unas breves referencias a lo que denomino la ucrología paralela, en donde se crean instituciones, construcciones o elementos tecnológicos inexistentes en el presente, pero que fueron proyectados en el pasado. Esto lo encontramos en la película Moebius, donde se nos presenta un mapa complejo y extendido de la red de subterráneos de Buenos Aires, llegando su trazado hasta la localidad de Avellaneda, o también en la película Zenitram, donde vemos una ciudad con monumentos proyectados en la segunda presidencia de Juan Domingo Peron.
En el cinturón de Olivia, nos presentan una agencia de exploración espacial que tiene por sede en el actual edificio de la Asociación Argentina de Amigos de la Astronomía, y desde donde despegan cohetes con astronautas, si, en pleno parque Centenario. Es breve dicha escena, pero no dejo de sacarme una sonrisa de orgullo de lo que hipotéticamente podríamos llegar a ser.
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Los tres actos.
En lo que respecta a la espacialidad de los tres actos, los mismos son ocupados con una ergonomía narrativa perfecta, sin caer en escenas de relleno o tramas sin resolver para abultar en contenido. Y con el persistente simbolismo del número tres, combinado con esta regla narrativa, permite apreciar más todavía su excelente aplicación.

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Conclusión
El cinturón de Olivia, es una película que cumple con una prometedora tradición fílmica de ciencia ficción nacional. Sin la demanda de elevados presupuestos o actores reconocidos, la calidad de sus actuaciones y lucidez narrativa es suficiente para transmitir los fundamentos básicos de una historia bien contada. No se que futuros proyectos tendrá pensado el director, pero espero que sea la génesis de un multiverso cinematográfico de lo mejor de nuestra identidad, la amistad, la lealtad y el perdón.
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