Chubut, Libertad y Tierra
Dirección
Juan Carlos Espina fue médico, también diputado nacional y fundador de un partido patagónico llamado Libertad y Tierra. En un momento de su vida partió a El Maitén, dónde ejercicio como médico y organizó un hospital público en el que se atendían pobladores de toda la región. Espina sintió el deseo de atender el bien común y lo hizo desde la medicina, pero este contacto directo con la gente lo empapó de un realidad llena de necesidades, que nadie estaba dispuesto a compensar.
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El documental registra esos primeros momentos del médico, que atendía casi 24 horas, y que en palabras de algunos que lo conocieron, era un obstinado idealista en querer producir un gran cambio, a partir del conocimiento directo del territorio y de su gente. Empezó curando y después quiso reparar padecimientos olvidados por un poder delegado en manos de puesteros y estancieros extranjeros, que con total impunidad hicieron absolutamente lo que quisieron en las tierras patagónicas.
Espina se descubre aquí a partir de la necesidad de su nieta, cuya voz en off funciona como guía de un recorrido puntilloso, desde lo geográfico (lugares donde trabajó y luego militó) afectivo y político, en los que la protagonista reconstruye mucho más que la historia de su abuelo. Situaciones que vienen acompañadas por registros sonoros y fotográficos, como también por materiales de archivo de más de 100 años de historia argentina. Cada lugar está documentado con algún hecho importante en la historia de este médico. Hay fotos en los que se ve a pobladores originarios de aquellos incipientes pueblos, sumando dramatismo visual a la historia.
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El doctor tenía la idea de hacer una reforma agraria y quitarle tierra a las compañías inglesas que se acaparaban de las mejores. Así la película lo registra con declaraciones de mujeres, cuyos maridos tuvieron cargos importantes en las empresas inglesas y relatando el «trato humano» de las estancias para con esos mapuches. Estos despojados de su tierra y sin otra alternativa, terminaban trabajándoles de jornaleros. Todo se convierte en un mapa histórico y cronológico que expone la usurpación y el acoso político, basada en la alianza de estos latifundistas ingleses con las autoridades que decían hacerlo para poblar una patagonia que ya tenía habitantes, y a los que literalmente les robaron absolutamente todo.
Siempre en esa búsqueda, la nieta se ve acompañado por una estudiante de historia que aporta contexto a muchas de las locaciones que visitan. Es inevitable no entender la mezquindad en semejante inmensidad territorial.Tierra seca con apenas yuyos para alimentar las ovejas, es un paisaje que de alguna manera nos predispone a cierta melancolía. Hay en la pobreza que se registra visualmente, una sensación a derrota. La joven deja el Maitén y recorre pueblos donde el tren a dejado de pasar. Descubre unos talleres en los que se reparan locomotoras. Entre los nuevos alambrados de la hacienda inglesa y la soledad de lugares donde hay estaciones vacías, hay un país que fue y ya no va a volver. Los personajes son entrevistados y aportan desde su vestimenta, el lugar donde viven y sobre todo, en lo que dicen y con qué acento lo expresan.Están muy expuestas esas diferencias y son importantes.
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Se come, ella y su amiga, un guiso en la casa de un Lonko que se ha dispuesto a recobrar algo de lo que le pertenece e instaló su precaria casa casi en la puerta de una de las estancias. Encuentran una archivo abandonado con todos informes y recibos de la actividad de los ingleses en la administración de sus estancias. El recorrido incluye la etapa política de Espina y las movilizaciones de los pueblos originarios por su tierras. Espina demuestra ser un personaje a descubrir. Los lugares en los que se desarrolló, eran todavía más inhóspitos de los que se los ve.Un relato que atrapa por su sencillez y por su documentacion fotográfiaca.Se registra la historia de todo un lugar, partiendo de la de un médico que quería darle a esa gente: salud y el progreso.
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La meseta patagónica tiene un encanto casi mágico en esa inmensa soledad que ante nuestra mirada y en tomas que la buscan y la exponen, una riqueza visual que aporta a la sensibilidad del documental. Un registro que tiene el encanto de lo personal y la belleza de una naturaleza que le hace de escenario.
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A los habitantes originarios se los persigue o se los ignora, los ferrocarriles apenas subsisten y las leyes las promulgan quienes aún se benefician por su pertenencia a una clase privilegiada. Parece que nada extruturalmente a cambiado salvo alguna intención de reclamos, fuertemente reprimidos, de algunos descendiente de nativos. La protagonista es respetuosa y sumisa en su búsqueda, pero aporta transparencia y sobre todo su juventud que convoca a revisar lo que alli todavia ocurre. El documental se disfruta y nos obliga a un replanteo constante de aquello de lo que se habla. Expone una injusticia y a quienes la permiten y sostienen.
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